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Luna en casa XII
- 06/02/2019
- Publicado por: Silvia Neira
- Categoría: Contenido Libre
La Luna es el cuerpo celeste más cercano a nosotros, el más visible en sus cambios de ritmo y el que más influye en la vida en la Tierra, junto con el Sol. Ella representa lo que nos aporta sustancia nutriente para que todo aquello que necesita protección y cuidado se desarrolle en su interior. No tiene luz propia, ilumina por un proceso de reflexión. Depende de un impulso externo para que su función se produzca.
Este velo protector que es simbólicamente la Luna está ligado a la memoria, ya que en su receptividad imprime cada impacto que la afecta. Psicológicamente representa nuestro refugio interno, al que acudimos para sentirnos cómodos y seguros.
Sus dos caras están asociadas a la dualidad intrínseca de este patrón, en tanto que aquello que es capaz de proteger y dar vida como función nutricia y luminosa en un momento de la vida, también es capaz de convertirse en oscuro y destructivo, si no permitimos que salga del ámbito protector lo que está maduro para salir del nido.
La persona que tiene la Luna en la casa XII de su carta natal está conectada a la memoria colectiva de todas las formas de maternidad, cuidado, afecto y contacto que sean posibles. Tiene en su inconsciente todo el archivo de memorias de la humanidad relacionadas con todos los temas lunares, lo cual hace que lo materno le resulte profundamente ambivalente.
Podemos enlazar aquí todas las historias míticas y literarias de todas las madres y todos los hijos de la humanidad con sus distintas vivencias acerca de esta energía: madres que dan todo por sus hijos, madres abandónicas, abandonadas, etc.
Como esta información se activa ante la cualidad que irradia sin conciencia, los otros pueden proyectar cualquiera de estas versiones de lo materno que necesiten. La persona con Luna en XII despliega la cualidad que la necesidad del otro requiere −algo así como si se le activaran brazos acordes a la necesidad de protección que sea necesaria−, pero al mismo tiempo queda pegada así a un formato arquetípico de lo materno, a una de las formas que toma la energía. Al sentirse abrumada por este patrón afectivo, es común que la persona se retire y se convenza de que no tiene capacidad de contención.
Es aquí que surge la ambivalencia: por un lado resuena con todas las historias de familia, bebés y cachorros, quiere tener hijos, pero al mismo tiempo la atemoriza que dependan de ella, siente rechazo a la simbiosis afectiva.
La dificultad básica del arquetipo de la Luna es captar su función profunda. Desde la energía, su vibración propone comprender los distintos niveles de la necesidad de cuidado. La Luna se activa cuando es necesario hacer crecer, se despliega hasta su plenitud y en su fase menguante va desapareciendo. Su cualidad es cíclica. Sin embargo desde lo psicológico, la persona suele sentirse plena en la fase de crianza y cuidado pero siente temor a la pérdida del objeto de su cuidado; se resiste a la fase menguante de la función, en la que corresponde la retirada.
El arquetipo de la Gran Madre dispone de mucha energía, en lo colectivo esta memoria compartida por la humanidad ha recorrido infinidad de experiencias que van cargando de energía esos surcos arquetípicos. La persona que tiene Luna en XII se siente muy vital y necesaria cuando queda tomada por él, entonces le resulta difícil despegarse y dejar de contar con el caudal de vitalidad del arquetipo. Desde la perspectiva de este arquetipo, el universo es afecto y cuidado, en cambio lo que está más allá de su área de protección es duro y amenazante. Semejante patrón no es fácil de penetrar por la energía solar, allí no existen dudas ni confusiones a menos que la conciencia intervenga y registre que no hay individuación.
En ese caso la persona puede empezar a sentir melancolía y tener una sensación de confusión, y si a raíz de esto va despegando y se individualiza es probable que desarrolle rechazo a quedar nuevamente tomada por esta energía. Esa es la fase de desconocimiento de la energía del planeta en casa XII, que en este caso se manifiesta en pensamientos del tipo: “no sé cuidar”, “los hijos no son para mí”, etc.
Entonces la persona con la Luna en casa XII puede quedar tomada por el arquetipo de la Gran Madre o del Gran Hijo y proyectar una fantasía de protección total en ciertas figuras, o quedarse dentro de una burbuja de protección total esperando que el universo la provea de todo lo necesario, o sea infantilizada.
En esta dinámica, lo masculino y la sexualidad tienen cierta complejidad dado que, al conectar naturalmente con las partes inmaduras y necesitadas de cuidado del otro, o bien al anhelar cuidado desde un lugar inmaduro de uno mismo, se pueden generar malentendidos que impiden la manifestación del deseo y de la propia diferencia.
Cuando esta posición de la Luna se da en la carta natal de mujeres, particularmente, suele ocurrir que se encuentran con hombres potentes, con una emocionalidad muy inmadura pero oculta y que en el transcurso del vínculo, al salir esto a la superficie, el varón potente se convierte en un niño dependiente. Aquí la desilusión impide sensibilizarse al registro de este patrón.
La persona con Luna en casa XII tiene una enorme sensibilidad para comprender las más profundas necesidades de los otros, pero la clave es que aprenda a contactar y luego retirarse cuando la función está cumplida. Es muy importante que sepa lo que produce su energía lunar vibratoriamente, más allá de si lo registra, porque a veces en el intercambio vincular no puede discernir qué es lo que está ocurriendo, pero al tener en cuenta que atrae la necesidad y notar la repetición de las experiencias, se irá develando el patrón y podrá pasar a otro nivel de juego.
Como todos los planetas en casa XII, el gran desafío es poder sensibilizarse al hecho de que el planeta se expresa a través de uno. Desde este punto de vista, solo es cuestión de dejarse atravesar por la vibración que se convoca. La vocación es una maravillosa forma de canalizar de la energía de los planetas en XII. En este caso, cualquier actividad que requiera una capacidad extrema de protección y reparación de conflictos no resueltos con lo materno será una vía para drenar y poner al servicio de los demás la intensa energía lunar que, cuando no se canaliza vocacionalmente, tiende a ahogar a otros o a quedar ahogada en su multiplicidad de registros de lo afectivo.
Autor:Silvia Neira
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